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miércoles, 20 de junio de 2018

Calella de Palafrugell (Costa Brava )




Esta pequeña localidad costera (apenas 800 habitantes) pertenece al municipio de Palafrugell, en la comarca del Baix Empordà, y es conocida por conservar el encanto de los pueblos de pescadores de la zona antes de la llegada del turismo en masa a la Costa Brava. 

Sus callecitas estrechas con casas encaladas por las que trepan las buganvillas o sus pequeñas playas, repletas de barquitas, conquistan el corazón de los visitantes. 
De hecho, en algunas de sus playas aún pueden verse las tradicionales casas de pescadores en primera línea de mar, ahora con usos recreativos.

Por un bonito paseo por el camí de ronda se accede al vecino Llafranc, con un pequeño puerto deportivo y un bonito paseo marítimo, más casitas de pescadores y restaurantes con vistas al mar. Al norte de Llafranc, sobre una pequeña montaña y visible desde Calella, se haya el faro de San Sebastián, que le confiere a la zona más encanto aún si cabe. 

En verano dos eventos llenan Calella de vida (y gente): el festival de Cap Roig, celebrado en el pintoresco Jardín Botánico; y el encuentro de habaneras, que tiene lugar el primer sábado de julio en la playa de Port Bo, retransmitido en directo por TV3 y que literalmente ocupa el pueblo con curiosos y aficionados. 

Muy cerca de Calella se encuentran también un par de pueblos con encanto que merece la pena visitar. Por un lado, no os podéis perder el compacto pueblecito medieval de Pals, con sus callecitas de piedra, sus restos de muralla y la torre de las Horas. Desde el mirador de Josep Pla (justo al lado de la torre) se pueden disfrutar unas fantásticas vistas de la zona, los campos y hasta las islas Medas. 





También histórico y encantador es el centro de Begur, situado en una montaña y coronado por un castillo medieval. Después de callejear por las estrechas calles, es conveniente coger el coche y explorar sus hermosas playas y calas de agua cristalina, como la cala d'Aiguafreda, Sa Tuna o la pintoresca Aiguablava. 




*Escrito por David R.

sábado, 9 de junio de 2018

VI Aniversario Bitte

Felices de compartir con vosotros esta intensa y dulce experiencia, os dejamos las fotos de nuestra fiesta VI Aniversario, en la que bebimos, comimos, bailamos y, naturalmente, posamos. Gracias a todos los que disfrutasteis con nosotros.







































*Escrito por David R

jueves, 31 de agosto de 2017

Islas caribeñas: Saint Martin y Anguila



Ya de vuelta de nuestras vacaciones y preparando todo lo necesario para la fiesta caribeña de mañana en Bitte, queremos compartir con vosotros nuestra aventura por el Caribe. Estuvimos en Saint Martin, una isla de apenas 87 km2 dividida en dos. La parte norte pertenece a Francia, la parte sur a Holanda, y todo ello bañado por las turquesas aguas del mar Caribe y con unas playas de arena blanca de postal.




Y apenas a 25 km al norte encontramos Anguila, perteneciente al Reino Unido, otra pequeña isla repleta de playas paradisíacas de arena blanca que aún es un pequeño secreto y que muchas celebrities frencuentan como lugar de vacaciones.




Las dos partes de Saint Martin contrastan de manera evidente. La parte holandesa está más construida, con grandes hoteles, casinos, restaurantes, discotecas y outlets, todo pensado para el ocio americanizado, sacrificando en parte el encanto y la tranquilidad de las playas. No en vano su capital, Phillisburg, es parada de cruceros.




La parte francesa resulta más tranquila, con pequeños hoteles, y en Marigot, su capital,  hay un equilibrio entre turismo y vida local, con pequeños hoteles, bares y restaurantes, que se integran con mas armonía con sus magníficas playas. 




Resulta también curioso como este trocito de Francia en el Caribe mantiene cierta identidad, con boulangeries y restaurantes de cocina francesa  (sobretodo en Grand Case, el centro gourmet de la isla).




De  las 37 playas de las que consta la isla, nosotros recomendamos algunas de la parte francesa, Baie Longue , una de las más largas de la isla, a la que hay que acceder por una carretera privada (pero de acceso público) entre villas y mansiones, o Baie Rouge (llamada así por el color ligeramente rojizo de su arena), con un par de bares criollos en la playa, en uno de los cuales podéis encontrar zumos y cocktails de fruta fresca todo el año a buen precio. Es un buen punto (junto con Cupecoy, ya en la parte holandesa y también muy recomendable) para ver la puesta de sol.




Más hacia el norte, también en la parte francesa, destacan Friar's Bay, que también cuenta con un par de bares en la playa y la tranquila Happy Bay, una playa completamente virgen a la que se accede con una pequeña excursión desde esta última. En la parte noreste, también en territorio francés, destacan Orient Bay, una gran playa llena de bares y servicios y oportunidades para deportes acuáticos (suele hacer más viento) que cuenta con una zona y un resort nudista, y la isla Pinel, a la que se accede en barca (10 minutos desde el embarcadero ) o incluso en kayak. Una vez allí, podréis explorar el pequeño islote, donde no hay alojamiento, tan sólo dos bares que ocupan la tranquila playa con hamacas. También podéis optar por hacer  snorkel o dar de comer a las hambrientas iguanas que campan a sus anchas.



En la parte holandesa, las playas suelen estar más ocupadas aunque son igual de bonitas. Maho beach es famosa por ser el punto justo al  lado del aeropuerto donde se congregan los turistas para ver despegar y aterrizar los aviones a pocos metros de altura.



Mullet bay, al lado de un campo de golf, cuenta con un par de bares en la playa y suele ser parada de los catamaranes de turistas que recorren la isla. Sin embargo, es bastante larga y la gente se suele concentrar en el principio, así que andando hacia al final se puede disfrutar de privacidad y tranquilidad.




Un corto trayecto en ferry (unos 20 minutos) os acercará a la selecta y tranquila Anguila, con playas paradisíacas (algunas de ellas, como Mead's Bay, están en la lista de las mejores playas del mundo). Todo tiene un precio, y la tranquilidad paradisíaca se paga. La isla dispone de menos alojamientos y a precios más elevados que en St Martin y si a eso le sumamos su política de tasas,  la experiencia resulta más cara que en su popular vecina. Sin embargo, es muy recomendable pasar al menos un par de noches para disfrutar de sus magníficas playas. 




Destacan la alargada bahía de arena blanca Rendezvous (desde la cual se pueden ver las montañas de St Martin), Mead's Bay, ideal para la puesta de sol y Shoal Bay, al norte, con más bares y servicios. 



Así que si lo que buscáis es privacidad y tranquilidad en playas paradisíacas, y no os importa pagar un poco más, Anguilla  es vuestro sitio. Entre el lujo también podéis encontrar alojamientos con precios más razonables, La Vue Boutique Inn, por ejemplo, con vistas a la animada (todo lo animado que puede ser Anguila) Sandy Ground, cuenta con habitaciones amplias con cocina y terraza.


St Martin se encuentra apenas una hora en avión de Puerto Rico y también hay buenas conexiones desde París, así que si queréis conocer otras islas del Caribe y tener una experiencia diferente a la del resort con pulsera...¡No dudéis en visitar St Martin y Anguila!


*Escrito por David R

domingo, 23 de abril de 2017

Alsacia: pueblos de cuento


Alsacia es una región al noreste de Francia que limita con Alemania (y en su parte sur con Suiza). Históricamente ha sido una zona de disputa que ha ido pasando de Alemania a Francia en diferentes conflictos, y también ha gozado de cierta autonomía en algunas épocas. Esta mezcla y la proximidad con Alemania se percibe en su cultura y su gastronomía. 




Los pueblos que os recomendamos en esta ruta son bien conocidos por su belleza y su encanto, y es que podrían ser auténticos decorados de cuento. De hecho, se dice que los dibujantes de Disney se inspiraron en esta zona para la película de la Bella y la Bestia. Pero ¿por dónde empezar? ¿Qué ver? Os damos unos prácticos consejos para visitar la zona.



Aunque la capital de Alsacia es Estrasburgo, esta queda un poco alejada de la ruta de los pueblos. Una buena idea sería alojarse en Colmar, que es más grande, y desde allí recorrer los pueblos. Aún estando muy cerca los unos de los otros, resultará casi imprescindible moverse en coche para hacer la ruta.

Colmar



Entre Estrasburgo y Colmar hay unos 50 minutos en coche. El centro, prácticamente peatonal, está formado por las características casas de colores con entramados de madera, típicas de la región.



Al ser más grande, encontraréis más ofertas de tiendas y restaurantes. Una de las zonas más pintorescas es la Petit Venise, donde el río pasa junto a las bonitas casas tradicionales. También podéis visitar sus iglesias o el museo Unterlinden.



Es muy conocido su mercado de Navidad, época para la cual la ciudad se viste de luces y decoraciones especiales, aunque nosotros la visitamos en Semana Santa y también resultaba muy pintoresco ver todas las plazas y calles decoradas con motivos primaverales y de Pascua.




Eguisheim





Este pueblo se encuentra apenas a 15 minutos en coche desde Colmar. A la entrada encontraréis un parking de pago para visitantes (todos estos pequeños pueblos disponen de uno), donde por 3€ podréis aparcar todo el día y en unos minutos podréis acceder andando al centro. El pueblo, lleno de rincones encantadores, tiene la particularidad de ser circular, ya que sus calles están dispuestas entorno a una encantadora plaza con una fuente y una iglesia. Eguisheim ha sido votado el pueblo favorito de Francia, y la verdad es que no es de extrañar.




Kayserberg



Seguimos la ruta hacia Kayserberg, y por el camino vamos encontrado paisajes plagados de viñas y teñidos de verde. Este pueblo, atravesado por un río, cuenta con un castillo en lo alto de la colina. No faltan sus hermosas casas de madera pintadas de colores vivos, las calles adoquinadas, ni las iglesias o fuentes con un encanto especial.




Riquewihr



En Riquewihr se accede al casco antiguo por el Hotel de Ville, y al final de la calle principal encontraréis una pintoresca torre de 25 metros de altura coronada por una campana. Por el camino os podéis deleitar con encantadores rincones, coloridas fachadas, tiendas y patisseries.




Ribeauvillé




Este pueblo es algo más grande que los anteriores (aunque no tanto como Colmar), y su trazado también se organiza básicamente a lo largo de su calle principal, desde la cual podréis recorrerlo. Desde el pueblo también podéis ver un castillo en una de las colinas que lo rodean.

Estrasburgo



Estrasburgo, sede de instituciones europeas, es algo más que un pueblo con rincones encantadores. Después de pasear por la Petit France, donde reconoceréis el estilo de las casas con entramados de madera al lado de los canales, podréis recorrer sus calles y plazas. 






Destacan la hermosa catedral de Notre Dame y la plaza Kléber. Otra de las visitas obligatorias es la presa Vauban, obra de ingeniería del siglo XVII que canaliza el agua del río Ill. Si se accede a la terraza de la presa hay vistas de los puentes cubiertos con sus torres. 



También resulta agradable rodear la ciudad por el frondoso camino junto al río, e ir observando los puentes, árboles y patos que recorren el río. Fuera ya del centro, a unos 2km al noreste, encontraréis el Parc de l'Orangerie, y muy cerca el Parlamento Europeo.


Por si aún no os hemos convencido a visitar Alsacia y sus encantadores pueblos, os daremos una razón más: sus vinos y su gastronomía. Especializada en vinos blancos, que podréis degustar en cualquiera de sus bodegas (que iréis encontrando en los diferentes pueblos y que podéis también visitar) o Wintubes, la región está plagada de restaurantes, pastelerías y encantadores cafés. Allí podréis probar los alimentos de temporada (en la que fuimos nosotros eran los espárragos), las tartes flambées (en alemán flammkuchen) o el Kugekhopf.

*Escrito por David R